UN AÑO

Parece poco, pero es muchísimo. Me he perdido el primer año de mi nieto, y me temo que me voy a perder los demás. 

Ya no es un bebé, ya anda, ahora ya no te puedes hacer con él, ahora es él el que se hace contigo. Dentro de unos días vendrá a verme. Explicar las ganas que tengo de que eso suceda es una tontería.

Supongo que soy como todas las abuelas, pero lo mío lo sufro yo. Ni las fotos ni los videos pueden suplir su olor, su contacto, el amor que despierta en mí, uno parecido al que siento por mi hija.

Un año y seguimos separados, he hecho todo lo posible pero no lo he conseguido para volver a vivir más o menos juntos. 

Y hoy me pierdo su primer cumpleaños, da igual, lo podemos celebrar cuando venga, a él le da igual, es a mí a la que se le parte el alma. 

Un año ya sin velar su sueño, sin calmar su llanto, sin saciar su hambre, un año vacío, salvo cuando he estado con él. 

Ahora viene para estar 3 días. Me decía ayer mi hermana ¿cuando nos toca? Porque está cinco minutos y se va. Y efectivamente es lo que suele suceder.

Hay que pedirle a su madre la agenda, que seguro que la tendrá muy apretada, para saber de esos tres días cuantas horas estaremos con él.



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