LA SEMANA SANTA

Esta va a ser distinta. No me voy a Avellanes, no sé si lo echaré de menos, supongo que sí, hace muchos años que no paso una semana laica, hace dos años hice el camino de Santiago, aunque no fue muy religiosa, para mí lo fue de otro modo.

El año pasado ya desconecté bastante, estaba allí pero no estaba, me iba de turismo, no participé como otros años. Este directamente he renunciado a ir. Cada vez estoy más laica.

Me da miedo adentrarme en este terreno, me muevo en arenas movedizas, fue tan importante durante tantos años que olvidarme por completo de él me resulta muy dificultoso.

No reniego de lo que creí entonces pero es que ya no existe, ibamos a cambiar la Iglesia, iba a ser más parecida a la original, fraternal, sencilla, sin tantos artificios, sin tanto misterio, más humana y más cercana. Siento que eso murió, aunque queden pequeños nichos aislados en los que siga sobreviviendo, yo no tengo contacto con ellos.

En Semana Santa me iba a Avellanes y soñaba que seguía viva esa Iglesia, luego volvía a Alcalá y me encontraba lo que me encontraba, la dura realidad.

Cuanto más me alejo más crítica me vuelvo y sé que no es justo, por eso prefiero ignorarla, pero me duele el alma.

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