BAR DE PUEBLO

Soy de ciudad, me crié en Barcelona y luego vine a Madrid, para mí Alcalá es un pueblo pues imaginarme en uno de siete habitantes. Un verano, cuando María aún no andaba, alquilamos un bar en uno así. En verano había más habitantes pero como nosotros nos fuimos para allá en mayo o así pues solo había esos y peleados entre sí. Si estaba uno en el bar no entraban tres porque se llevaban mal.

Al principio nos dejaron una habitación con dos camas en el mismo bar, allí tenía la cuna de viaje y por más que intento recordar no sé dónde me duchaba, supongo que en la casa de los dueños. El bar era muy grande, con un patio muy mono, pero la cocina era un cuchitril y me tocó. Yo estaba loca por escapar de allí y me llamaron para dar clases en una academia y logré librarme.

Pero tuve que buscar quién me sustituyera, se lo dije a mis amigos, pero nadie quería, al final la hermana de una conocida aceptó. Para entonces nos habían dejado un chalet en el pueblo, gratis, de esas cosas que no te crees que te van a pasar pero te pasan.

Yo iba los fines de semana con la niña. Como me canso mucho por las noches me iba a dormir pronto y me encargaba de abrir el bar por las mañanas. No había mucho trabajo, claro. Solo unos cuantos cafés.

Nos alquilaron el bar por todo el año, pero en invierno sabíamos que no tenía sentido, queríamos abrir sólo los fines de semana pero no nos dejaron. Cuando acabó el verano cerramos. No nos fue mal, hicimos el agosto.

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