LA VUELTA A GALILEA

Cuando estás en Avellanes sientes que todo el mundo es bueno, que nada malo te puede pasar, que todo el mundo te sonríe. Estás como en una burbuja, las vistas son maravillosas, te pasas el día comiendo y riendo. Luego hay que volver, recoger las maletas, poner lavadoras, ver a la familia y sobre todo trabajar. Y entonces te bajas de la nube y aterrizas, esta vez no me he dado un coscorrón, aún.
Galilea significa eso, el sitio real, el del trabajo y los problemas. Un año bajando de pascua, cuando era en Alcalá, volvía tan contenta, charlando con una amiga en el coche y de pronto en un semáforo se bajó el del coche de detrás y empezó a gritarme como un energúmeno, bajé a Galilea de golpe. ¡Qué prisa llevaba un domingo! Así se mueren después de infarto. ¿Qué fuego iba a apagar?

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