IBIZA

Jóvenes, eramos tan jóvenes. Viaje de fin de estudios del instituto. Once días en Ibiza, en semana santa. Fui con una pareja de amigos pero mi novio se quedó en Alcalá. Yo no quería molestar y les dije que con compartir la habitación con ella tenía bastante, se ofendió mucho, dijo que yo había querido decir que no iba a ir a dormir. Tonterías adolescentes.
El primer día llamé a mi novio desde la centralita del hotel, el palo económico fue tan total que me quedé sin dinero para el resto del viaje. No podía hacer casi nada porque no tenía un duro.
Llovió los once días. La última noche fuimos a un pub cerca del hotel porque no cobraban la entrada, me aburría, me fui a la habitación. Esa noche el compañero de habitación de mi amigo se había venido a nuestra habitación, la de las chicas, porque ibamos a dormir los cuatro. Pero claro, los chicos en una cama y las chicas en otra. Cuando llegué él se había metido en mi cama y yo no quise meterme en la otra. No sé si estaba dormido pero se lo hizo. Me metí con él. Y me dormí, ni siquiera nos tocábamos.
Cuando llegaron la parejita a la habitación montaron un cirio que para qué, le gritaron al otro pobre de todo, le sacaron de la cama, le pusieron verde. Yo me hice la dormida, no tenía ganas de discutir. No sé qué le contarían a mi novio a la vuelta, pero a mí me miraban mal.
Era la época de guardar las formas, de no dar que hablar, a mí se me daba mal. No entendía la hipocresía, el que les diera tanto miedo el sexo, vamos, que alguien pudiera decir que ella lo había hecho. Estoy segura de que follaron como locos, pero yo no les pillé, se guardaron muy mucho. Yo no me creía su relación platónica. Pero yo que sí que no hice nada me imagino el sanbenito que me colgaron.
Lo importante era no decir, que no se hablara, que no llegara a oidos de los padres, lo que se hiciera era otro cantar.

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