MI NIÑO

Era muy chiquitín, tenía un año o algo así, era el hijo de unos amigos de mis padres, nos lo dejaban cuando se iban de juerga. Nosotras nos peleábamos por bañarnos con él, por llevarle al cine los domingos por la mañana, por estar con él. Le hacíamos marionetas, le encantaban, detrás de un sillón, mi padre no paraba de comprar más y más marionetas. Él se lo creía todo. Nos quedábamos con él muchas noches y siempre había peleas para ver con quien dormía. Le mimábamos mucho. Yo tendría 14 años y era como un juguete. Tuvo un hermano y ya a los dos no nos los dejaban, pero alguna vez fui a su casa a hacer de canguro. Su hermano un día comió un producto de limpieza, casi se muere, se le quemó el esófago, tenían que ir cada dos por tres al hospital para abrirselo porque ya no le crecía normalmente. Entonces me volvía a quedar con él a solas, jugando, pintando. Sus padres tenían una buena biblioteca, me prestaban muchos libros. Un día se fueron a Santander, seguimos visitándoles allí, pero la distancia es el olvido.

Comentarios

monocamy ha dicho que…
Mi madre era como la comadrona del bloque donde vivíamos. Hasta cuatro vecinas distintas nos dejaban sus niños al cuidado, cuando tenían quehaceres, así como familiares nuestros. No simultáneamente, claro, pero la plantilla era extensa. Yo estaba encantado, me apasionan los niños y no paraba de jugar con ellos y hacerlos reír.

Todos me adoraban y querían estar conmigo. A veces me cruzo con alguno de ellos, ahora que han crecido y sin, incluso, más altos que yo. Muchos ni me reconocen. Me resulta curioso pensar que esos hombrotes y mujercitas con los que me cruzo se partían de risa cuando eran bebés y yo hacía el ganso para ellos.

:D
Virginia ha dicho que…
Es lo que tienen de malo, que crecen, deberían inventar algo, porque si no crecieran yo me pondría a tener más.

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